martes, 21 de septiembre de 2010

Tecnología permite hacer ejercicio sin esfuerzo




Al poner los pies sobre una plataforma vibratoria, se experimenta la misma sensación que debe de tener una patata dentro de la batidora. Pero lejos de acabar hecho puré, al cabo de unos minutos el organismo tiene su recompensa.

"Quemar grasas, tonificar la musculatura general, adelgazar, estimular los intestinos, mejorar la tonicidad y las defensas inmunitarias" son algunas de las virtudes de este tipo de aparatos según "eBay.es".

Es más, "10 minutos en una plataforma vibratoria equivale a 1 hora de ejercicio físico", asegura la misma web. Aunque hay diversas opiniones al respecto.

El doctor Jesús Vilá, traumatólogo del hospital USP San Camilo cree que este tipo de aparatos podría considerarse "un sustituto del ejercicio físico porque te permite concentrar la actividad en un periodo de tiempo más corto".

"Podría sustituir a esos cinco minutos de trote que haces para calentar, pero no al ejercicio físico", contesta José Santos, secretario general del Colegio de Fisioterapeutas de Madrid.


Algunas precauciones

Además, es necesario tomar algunas precauciones antes de subirse a una de estas máquinas. El usuario debe mantener las piernas flexionadas "porque si no toda la vibración se concentra en las rodillas y se puede sufrir artritis", advierte Santos.

Asimismo, la espalda debe estar inclinada hacia delante y los brazos apoyados en el manillar.

"Puedes llegar a marearte, incluso, si no adoptas una buena posición", afirma Santos. A veces, la vibración llega a la cabeza y causa una sensación "bastante desagradable", señala el fisioterapeuta.

Cuando no se utilizan correctamente, "ni obtenemos el beneficio de la plataforma ni la preparación física adecuada y pueden producir lesiones", manifiesta el doctor Vilá.

Tales lesiones pueden ser de tipo cardiovascular, articular, óseas o bien lesiones por sobrecarga, apunta el traumatólogo.

El uso de las plataformas vibratorias no es apto para todos los públicos. Quienes sufran migrañas o vértigo deberían abstenerse, apunta José Santos. Según "vibroplate.es", la web de una de las marcas que comercializa este tipo de máquinas, se deben "tener en cuenta las contraindicaciones" antes de subir al aparato.

Epilepsia, diabetes, enfermedades cardíacas, prótesis de cadera, problemas en la columna vertebral, marcapasos, trombosis o tumores son algunas de la afecciones que enumera "vibroplate.es". Aquel que padezca alguna de ellas debería aplicarse la máxima de "mejor no lo intentes".

"Tiene las mismas contraindicaciones que el ejercicio", afirma Óscar Ballesteros, entrenador personal. Un diabético corre el riesgo de sufrir una hipoglucemia tanto en una cinta de correr como en una plataforma vibratoria, precisa.

Estas máquinas suelen usarse en fitness, pero algunos sanitarios también recurren a ellas en los tratamientos de rehabilitación. "Utilizamos estas plataformas vibratorias como una ayuda, como un calentamiento, cuando estamos haciendo la recuperación de una lesión", señala Santos.


También en casa

Pero las plataformas vibratorias no son exclusivas de gimnasios y centros médicos. También existe una gama doméstica. Aunque no todas son iguales, calidades y precios se mueven en un amplio abanico. La cantidad necesaria para adquirir uno de estos aparatos oscila entre los 200 y los 13.000 euros aproximadamente (entre 250 y 16.500 dólares).

Ahora bien, quien haya decidido llevarse a casa una plataforma vibratoria debe "consultar con un especialista que le haga un programa de ejercicios individualizado", recomienda el doctor Vilá.

Existen dos clases de plataformas, que se diferencian por su tipo de movimiento. "Uno de ellos consiste en un elemento basculante que ofrece la vibración alrededor de un eje horizontal, el otro, se fundamenta en la oscilación de toda la plataforma, de manera uniforme, hacia arriba y hacia abajo", explica la web "biolaster.com".

Ahora bien, el abnegado atleta que haya visto el cielo abierto al descubrir estos aparatos, debe tomárselo con calma. No es recomendable pasar más tiempo del debido encima de la plataforma. Pues si en pequeñas dosis puede ser beneficiosa, abusar de esta tecnología resulta perjudicial. "De cinco a diez minutos dos o tres veces por semana es más que suficiente", precisa Santos.

De igual manera, un exceso de optimismo puede desembocar en el desánimo más absoluto. Santos compara las plataformas vibratorias con los electroestimuladores. No falta quien "los compra, se pone a ver la tele con un cuenco de patatas y una cerveza" y piensa que con eso va a tener la deseada "tableta de chocolate", señala el fisioterapeuta.

Pero, desgraciadamente, las cosas no funcionan así. Sin esfuerzo no suele haber recompensa. Parece que los milagros se agotaron en Lourdes.

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